Los Cubs comenzaron este viernes una histórica visita al Fenway Park de Boston. Histórica, porque desde la Serie Mundial de 1918, el equipo de Chicago no jugaba en la sede de los Medias Rojas. 1918 fue la última vez en que un tal Babe Ruth jugó una Serie Mundial con el uniforme de los Medias Rojas. Esa serie ha sido objeto de recientes revisiones gracias al libro de Sean Deveney, The Original Curse, “La maldición original”, donde la tesis que se desarrolla es que los Cubs la vendieron dando origen a los cien años de futilidad del equipo.

Charley Weeghman, dueño de los Cubs hasta diciembre de 1918
En aquel entonces, las apuestas deportivas eran parte del día a día de las Grandes Ligas. Los apostadores, por ejemplo, ocupaban un palco especial en el Fenway Park y las relaciones entre jugadores y corredores de apuestas eran públicas y notorias. En 1920, una investigación debido a un partido arreglado entre los Cubs y los Phillies, donde estuvo involucrado el jugador Claude Hendrix, dio pie a las revelaciones que llevarían al escándalo de los Medias Negras, tras lo cual 8 jugadores de los Medias Blancas de Chicago fueron execrados de por vida del béisbol tras comprobarse que entregaron la Serie Mundial de 1919 a cambio de dinero. Deveney cuenta en su libro que cuando los miembros de los Medias Blancas discutían los pros y los contras de vender la Serie, alguno argumentó: “¿Por qué no? Los Cubs hicieron lo mismo el año pasado?”.
Los jugadores comprados solían hacer cosas del tipo correr más lento o no ser agresivos en las bases; no leer bien o partirle a destiempo a los batazos en la defensa; dejar pitcheos en el centro del plato o marcar el tipo de lanzamiento en el movimiento del lanzador; compartir las señas con el contrario; todas estrategias sutiles que podían cambiar el resultado de un partido, pero que a veces no tenían incidencia en el desenlace del juego, por eso era tan difícil decir quién estaba haciendo trampa y quién no. La lucha para separar las apuestas de beisbol del desempeño de los jugadores fue tan inclemente que de los 8 Medias Negras execrados de por vida, no hubo ninguna evidencia concreta de que uno haya participado en la componenda, el todavía querido y admirado Shoeless Joe Jackson, y otro, Buck Weaver, se negó a participar y de hecho fue el mejor jugador de la Serie de 1919, pero por haber sabido del asunto y no denunciarlo corrió con la misma suerte que los otros.
Según Deveney, los Cubs sospechosos de vender la Serie de 1918 serían el mismo Hendrix del partido de 1920, Phil Douglas y Max Flack, quien se convirtió en el primer jugador en ser sorprendido fuera de base dos veces en un mismo juego de Serie Mundial, marca que sigue aún vigente. Hendrix y Douglas eran los lanzadores derechos del equipo, pero apenas fueron utilizados en la Serie, por lo que Deveney se pregunta si el manager de los Cubs, Fred Mitchell, sospechaba de sus jugadores o si el movimiento fue para neutralizar el bate zurdo de Babe Ruth, que fue utilizado en la Serie casi exclusivamente como lanzador. A pesar de su poca acción, un mal corrido de bases de Hendrix y un error de Douglas permitieron la derrota de los Cubs en el juego 4. Casual o justicieramente, George Whiteman, que ocupó el lugar en los jardines que le hubiera correspondido al Babe, se convirtió en el héroe de los Medias Rojas, sobre todo porque una atrapada suya fue la que selló el triunfo de Boston en el sexto y decisivo partido.
Hay muchas razones para creer que la Serie de 1918 fue limpia, en especial porque los primeros tres juegos que se disputaron en Chicago fueron grandes duelos y el sexto necesitó de un Whiteman inspirado para decidirse. Pero la evidencia circunstancial es poderosa. Los jugadores de ambos equipos llegaron a Boston tratando de cambiar los términos del reparto del dinero que produciría la Serie, y de hecho, el quinto juego se retrasó una hora debido a una huelga de peloteros. Los Cubs perdieron dos de tres en Boston, gracias a un terrible despliegue defensivo y de corrido de bases siempre protagonizado por los mismos tres jugadores: Hendrix, Douglas y Flack. Además, en aquel momento nadie esperaba que la Primera Guerra Mundial terminara unos meses después y lo que estaba en el ambiente era la suspensión de la temporada de 1919 para que todos los jugadores disponibles se incorporaran al frente o a actividades que apoyaran el esfuerzo bélico. De hecho, la gran contratación de los Cubs para 1918, el Salón de la Fama Groover Cleveland Alexander, lanzó solo 26 innings para el equipo antes de ser llamado a filas.
Lo cierto del caso es que tanto los Medias Rojas como los Cubs eran las fuerzas más dominantes del béisbol hasta esa serie y a partir de ahí comenzó una mala época para ambos equipos, que en el caso de los Cubs todavía se mantiene. Especula Deveney que si realmente hay maldiciones sobre los Cubs, la que les cayó en 1918 y que torció el destino del equipo marcándolo a partir de entonces como equipo perdedor, es tanto o más poderosa que la de la Cabra. Quizás sea la maldición de Charley Weeghman, el dueño de los Cubs para ese entonces, conocido como Lucky Charley, quien agobiado por las deudas vendió todas sus acciones del equipo a William Wrigley en diciembre de 1918; Weeghman no regresó al béisbol y nunca pudo volver a levantar cabeza en los negocios.
Si tienes oportunidad de leer el libro de Deveney no te lo pierdas. Es excelente.


